|
Juan Antonio
Cavestany |
|
EL CRISTO DEL GRAN PODER
Con débil resplandor la luz incierta, del día que despierta, a la ciudad aletargada alumbra; la angosta calle solitaria y fría se envuelve todavía en medrosos cendales de penumbra
Descalzos, silenciosos, enlutados, de dos en dos formados, como fantasmas van los penitentes; detrás, trocada en carne la escultura, de Cristo la figura sobre sus andas de oro relucientes. |
|
|