MISA SOLEMNE
OFERTORIO. LA FE
Manuel Mantero Sáenz
1966

 

 

Los Viernes

Jesús del Gran Poder

-agria y roja la frente,

los ojos como de hielo harto de serlo-

recibe la visita de
las prostitutas sevillanas.

 

Los viernes,

esperan hombres

callados en la puerta de la iglesia,

seres que saben

la ocasión, el benévolo

perfil del tráfico

inmundo.

Con ademanes recatados, vienen

de sus floridos barrios

las prostitutas sevillanas.

 

Los viernes,

merodean los chulos,

ansían vida fácil;

el amor, si se prendan tales hembras,

redunda en gala y en pereza de varones.

Juegan los niños en la plaza

iluminada de oro maternales,

cruzan las golondrinas

de Bécquer, arcaico vecino de la iglesia.

Nada es enjuto sino pródigo

cuando llegan, honestas en su porte,

las prostitutas sevillanas.

 

Los viernes,

ellas rezan al Cristo, lloran

y piden

favor, prosperidad.

Igual que el estudiante pide

vencer el angustioso examen,

el gobernante dilatado tiempo

para hacer la fortuna de la patria

y el jurista prolíficas

disputas sin acuerdo,

imploran

que no decaigan

clientes, salud,

las prostitutas sevillanas.

 

Los viernes,

la iglesia

de San Lorenzo

se llena de sollozos sin mancha,

de palabras primeras

como diamantes sin tallar

o lilas que surgieran

en un corral abandonado.

 

Sube la fe más que el incienso

hasta los ojos

del Cristo,

y lloran

lloran y lloran sin dolor

-mar obediente,

lágrimas mansas del milagro nuevo-

las prostitutas sevillanas.