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EL PASO CON RUEDAS |
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En acta de Cabildo de 11 de abril de 1874, se recogía que “los gallegos que llevaron los pasos en la pasada Cofradía, no lo hicieron con el silencio, compostura y seriedad que estaban recomendados (…) quedó acordado que por el señor mayordomo se despilfarraran y deseando la corporación que aquel acto religioso se celebre con la pompa y la majestad que es debida, acordó nombrar una comisión para llevar los pasos sin necesidad de costaleros”. Como resultado del trabajo de dicha comisión, se presentó a la consideración de la Junta de Gobierno una maqueta que, mediante un conjunto de artefactos, lograba teóricamente imitar el andar del costalero. Se solicitaron permisos al Cabildo Metropolitano para permitir la entrada en la Catedral con ruedas, se aprobaron cuotas extraordinarias para costear el invento y se gestionó del Ayuntamiento el adoquinado de la calle Conde de Barajas, que era terriza, para facilitar el rodamiento de las máquinas. De este modo, en 1875 salió la Cofradía con el nuevo invento. Así lo recoge quien fuera Hermano Mayor de nuestra Hermandad, Rafael Duque del Castillo en su libro “Apuntes para la historia de la hermandad del Gran Poder” Aquello fue un rotundo fracaso que mereció las más acerbas críticas por parte de los espectadores. Contaron luego, en el Cabildo de tres de abril, aquellos hermanos que por su mayor proximidad a los pasos vivieron de cerca el suceso, lo que ocurrió: “El pueblo se sintió movido más a la hilaridad que a la devoción y mostró, de viva voz, su compasión por las Imágenes ante el temor de que pudieran estropearse o romperse”. A lo largo de todo el recorrido, llovieron los denuestos e insultos hacia quienes consideraban iniciadores y promovedores de la reforma. “Y todos reprobaban la realización de un proyecto poco premeditado y falto de estudio y experiencia”. Porque, en aquella Estación de Penitencia –siguen diciendo- “la Hermandad hizo todo lo contrario de su religiosidad e institución, ya que la marcha de las Imágenes, convulsa, temblorosa y poco propia de inspirar devoción, fue motivo , en los más de los espectadores, de risas y bromas que de religiosidad” |
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Así lo reconocieron también los autores de la obra quienes, anticipadamente a la celebración del Cabildo, dieron testimonio de humildad y arrepentimiento, admitiendo el fracaso; aunque, en su proceder no les siguió más ánimo que el de “intentar un medio decoroso de conducir las Imágenes evitando las constantes profanaciones que, a consecuencia del comportamiento de los costaleros, se producían en el más grandioso de los actos que realiza la Hermandad”. Y añadían, con un estilo muy propio de aquella época de innovaciones: “Si en el primer ensayo no han obtenido los aparatos toda la perfección deseada, es de todo punto insostenible, en el estado actual de progreso de las ciencias y las artes, que no pueda alcanzarse el medio de transportar las efigies con decoro, con suave movimiento y sin el más leve peligro para su mérito. Esto quiere decir que quienes ayer lo creíamos así, lo creemos hoy también”. Por todo ello, se volvió a la salida con costaleros convencidos de que no existía otro medio, pese a reconocerse que, dada su escasa formación, para ellos la Estación de Penitencia constituía un medio más de incrementar sus escasos ingresos y permanecían al margen del sentido religioso del acto, adoptando en este sentido acuerdo contrario, según el texto literal, “para siempre jamás”.
Sin embargo la memoria es frágil, y en Cabildo de Oficiales y Diputados celebrado el día 28 de Octubre de 1929, bajo la presidencia del entonces Hermano Mayor de nuestra Hermandad don Basilio del Camino, se sometió a la Junta “el pensamiento que tenía la Mesa de la Hermandad de sustituir en la procesión de penitencia de la madrugada del Viernes Santo la conducción actual de los pasos a cuenta de los cargadores, por la rotación sobre neumáticos impulsados por un corto número de personas que serían seguramente hermanos, colocados al costado de aquellos. Con éste propósito se había encargado el estudio de los porta-pasos al industrial Señor Laverán quién tenía hecho algún trabajo de ésa índole para la Santa Iglesia Catedral, y dicho Señor presentaba los dibujos que estaban sobre la mesa, con su opinión favorable al fin que se perseguía. Agregó que deseaba oír la de la Junta sobre el asunto, bien entendido que si se adoptaba la nueva conducción, sería después de hecho con perfecto resultado, un ensayo de la misma. El Señor Director Espiritual manifestó que podía agregar a lo dicho por el Señor Hermano Mayor, que él era quién se había ocupado de los trabajos realizados, con satisfactorio resultado para la Santa Iglesia Catedral, y que no veía lejano el día de que para evitar irreverencias, se prohibiera la entrada en la Catedral de pasos conducidos por cargadores, habiendo otros medios”.. |
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El ensayo tuvo lugar el 27 de Enero de 1930. A la una y media de la madrugada comenzó el recorrido desde San Lorenzo hasta la Catedral. Al parecer poco gustó a los cofrades de la época dicha prueba, que en número cercano al centenar acompañaron el original artilugio, llegando algunos al insulto teniendo que intervenir la Autoridad. Una vez llegado a la Catedral, inició su camino de vuelta, siendo las tres y media de la madrugada cuando llegó de nuevo a San Lorenzo.
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Como se aprecia en la fotografía, el “invento” estaba dotado de cuatro ruedas neumáticas, un volante y sistema de frenos. También se puede observar cómo la zambrana impedía el giro total de las ruedas.
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Tras la prueba, se reunió el Cabildo el día 27 de Febrero, y el Hermano Mayor don Basilio del Camino “hizo presente, que antes de ocuparse de los asuntos del Cabildo y refiriéndose al ensayo acordado en el último celebrado, cuya acta se acababa de leer, tenía que dar cuenta de que dicho ensayo no dio el resultado apetecido; se debió principalmente a la estrechez de algunos sitios que fue causa de que las personas que impulsaron la rotación, cuyo número no puede ser menor de seis, tuvieron que hacerlo de cuando en cuando, desde debajo de las andas en vez de efectuarlo siempre desde los costados, como se pensaba; alguna deficiencia se notó también al girar el paso en las vueltas algo cerradas, si bien esto obedeció en buena parte a que con el fin de no inutilizar las andas, no pudo darse a las ruedas todo el movimiento giratorio. Propuso, en su virtud, de acuerdo con la Mesa, que se continuara empleando la conducción actual”. Años más tarde, y fuera ya del ámbito de nuestra Hermandad, sería un particular, D. Rafael Ponce Jiménez quien ante los cada vez más frecuentes plantes de costaleros, idearía en 1972 un nuevo artefacto, en este caso autopropulsado mediante baterías, que se presentó en la sede del Museo de las Cofradías el 14 de enero de 1973, y que finalmente no sería adoptado por ninguna cofradía sevillana. Un interesante artículo sobre este asunto puede encontrarse en la web La Sevilla que no vemos.
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