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José María
Rubio y Rubio |
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Y buscaremos al Señor de Sevilla, y lo encontraremos en las puertas de las casas, en los azulejos de nuestras calles, en la cabecera de los enfermos, en el pensamiento, en los labios, en el corazón de un pueblo que viene a rezarle todos los Viernes del año y a adorarlo cada Epifanía y a besarle las manos cada Domingo de Ramos porque sabe que el reloj del alma del sevillano no marca el tiempo si no pasa por los ojos y las manos del Señor. Y encontraremos al Señor de madrugada y al llegar junto a nosotros con su zancada poderosa, con su paso irresistible, al contemplar otra vez esa herida impresionante de su rostro, esa erosión del amor, de todos los amores de quién es la Verdad eterna de Sevilla, el sevillano volverá a llorar y en sus labios otra vez la Oración más grande, el más sublime acto de Fe que de un Dios pudo hacerse jamás sobre la tierra: |
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