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Ignacio
Montaño Jiménez |
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Y el mismo corazón de Sevilla, desde el sentimiento de tanta devoción, espera al Gran Poder. Salen de la Basílica las sombras, se repiten los altos testigos en la cal de San Lorenzo; parece como si nunca fuera a salir ese Dios de la túnica lisa. Y antes de comulgar con esta Hostia de pan moreno, con esta Sangre de Dios coagulada, los labios mastican la oración más profunda, el padrenuestro más encarnado ante la cercanía de un Dios tan de los nuestros y tan poderoso. Pan moreno, pan de pobres, aquel pan que saciaba el hambre de la gente humilde, el pan del pueblo, el pan del Dios de los que no tienen pan. |
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