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Antonio
Murciano González |
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(Aquí, ya, mi Gran Poder)
Y de pronto, otra saeta que rasga la piel del cielo ¿Es Mairena?… ¡Es Caracol! cantando desde el recuerdo: "Pinceles al viento... que no hay pintores que pinten la plaza de San Lorenzo, ni tu cara, Gran Poder, en tan profundo silencio". 1 Sale el Señor de Sevilla. pasa "el paso" a paso lento y una muchedumbre ansiosa contiene, muda, el aliento. Dos filas de encapuchados –luto y esparto– viniendo, mientras que su capataz da en bronce tres golpes secos y lloran saetas hondas las cuatro esquinas del viento. (Gran Poder bendito, bendice a tu pueblo.) 2 Cargado va con su Cruz el rey de los nazarenos, por espinas en las sienes lleva cinco o seis luceros. (Alumbra mi noche, sol de San Lorenzo.) 3 Entre varales de plata con siete cuchillos dentro, bajo un palio de ocho estrellas y nueve lunas de un sueño, llorando a lágrima viva su madre lo va siguiendo. Mayor Dolor y Traspaso mayor no lo tuvo un pecho. (Vela por España Gran Poder del cielo) 4 Ninguno de los que no cumplen tus diez mandamientos, ni ninguno entre los once de los que no te vendieron o uno sí, un pueblo, uno quiere ser tu cirineo (Apoya en Sevilla, Jesús, tu madero.) 5 Que al rey de las doce tribus de Israel, al rey sin cetro, al joven que de sufrir, miradle, parece un viejo, Sevilla le va ayudando a llevar su cruz, un pueblo que quiere que reine en él aunque sea viernes el tiempo. (Oye esta plegaria Gran Poder eterno.) 6 Madrugada en La Campana, cuando resuenan los ecos, cuando se afilan los fríos, cuando hasta se oye el silencio cuando una saeta hiriente se va clavando en tu pecho: alza tu mano gloriosa de ese pesado madero y bendícenos a todos mi Gran Poder nazareno 7 Y con los cinco sentíos en su "Andalucía a compás", por encima del gentío se siente el eco sentío del pregonero al gritar: El poder y el poderío por el mundo viene y va, siendo el Gran Poder el mío, el que en San Lorenzo está de moraíto vestío.
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