Ignacio Jiménez Sánchez-Dalp
2006

 

Tenía que ser esta bendita ciudad, para que la aspiración del salmista quedara manifiesta y se hiciera real, en la figura del Divino caminante en San Lorenzo. "Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve". El rostro del creyente mira su semblante para sentirlo uno de los suyos. Tiene Getsemaní en su camarín; restos de sudor y sangre que ahora en serpiente tentadora enroscan su cabeza. Todo lo ha asumido. No se queda quieto, siempre avanza decidido hacia el Calvario para cumplir lo escrito y anunciado por los profetas, y los sevillanos lo queremos lo que no está en los escritos. 
  
La peana del Señor del Gran Poder se ha transformado con el tiempo en un muro de las lamentaciones. Hasta Él llegan cada viernes a poner la cabeza en su Cruz, besar su talón y dejar papeles entre las grietas y rendijas de su basamento con nombres, enfermos, intenciones, sueños incumplidos y amores imposibles. Como si al Señor le hiciera falta el papel cuando nuestros nombres los lleva escritos en la palma de su mano. 
  
Sólo Él consuela, lo saben sus vecinos, sus devotos, el cura ciego que los confiesa, la túnica gastada de Fray Diego de Cádiz; lo saben sus potencias, y hasta la túnica persa que sus fieles tocan esperando el prodigio. 
  
No se ha ido de este mundo para desentenderse de nuestras penas, no se ha escondido ni tapado sus ojos, Él, el Gran Poder, entre nosotros se queda. 
  
El Gran Poder cuando pasa 
no pasa, siempre se queda, 
porque está en los corazones 
de todo aquel que le reza, 
de todo aquel que le mira, 
de esas mujeres con velas 
que lo siguen cada año 
para cumplir su promesa. 
  
Y Él está con los que sufren, 
con los que tienen tristeza, 
con los que están agobiados 
y también con los que enferman, 
y en todo el que le acompaña 
con cirio y trabajadera. 
  
Que el Gran Poder nunca pasa 
no pasa, siempre se queda, 
y hay en sus ojos dulzura, 
y hay en su rostro pureza 
y hay un amor infinito 
de los pies a su cabeza 
¡y hay una expresión divina 
que borra el mal y lo aleja! 
  
Pasan la vida y los hombres 
pero el Gran Poder se queda 
igual que se queda el aire 
que acaricia las veletas. 
    
Pasan las horas, los días, 
los meses, las primaveras, 
y Él seguirá en San Lorenzo 
con túnica nazarena, 
con espinas en las sienes, 
con la boca ya reseca, 
con sus manos doloridas 
y con su frente sangrienta, 
llevando sobre su Cruz 
nuestros pecados a cuestas. 
  
Aunque el mundo esté en su mano 
siempre el Gran Poder se queda, 
y siendo Dios fue humillado 
a pesar de su grandeza, 
pero Él con su pisada 
siempre avanza aunque no pueda. 
  
Gran Poder del universo, 
del sol y de las tormentas, 
de lo bueno y de lo malo, 
del día y de las tinieblas, 
de la vida y de la muerte, 
de los cielos y la Tierra. 
  
Gran Poder por la Gavidia, 
Gran Poder que nos esperas, 
Gran Poder en la mañana 
y bajo la luna llena; 
Gran Poder que nos escuchas, 
que nos perdona y consuela; 
Gran Poder de mis anhelos, 
obra completa y perfecta, 
Gran Poder, Verdad del mundo, 
Gran Poder de nuestra Iglesia, 
Gran Poder, Luz y Camino 
¡Gran Poder de Juan de Mesa! 
  
Pasarán siglos enteros, 
y siempre aquí su presencia 
entre el costal y el esparto, 
y cera color tiniebla 
entre un silencio que rompe 
el llamador cuando suena. 
  
Ven conmigo, sevillano, 
que hoy otra vez es Cuaresma; 
Dios me ha dicho que le siga 
cumpliendo una penitencia. 
  
Toma el ruán y el rosario 
persigue esa tez morena, 
tal como lo vio tu madre, 
como le rezó tu abuela. 
  
Todo se pare ante Él, 
que la noche se detenga 
y rezando le aliviemos 
la carga de su madera. 
  
¡Venid conmigo, venid! 
que su zancada nos lleva 
a un paraíso y a un Reino 
donde no existen fronteras. 
  
Que el Gran Poder nunca pasa 
su palabra es verdadera 
que en su rostro hay un mensaje 
de ternura y fortaleza. 
  
Para hacerse sevillano 
bajó Dios hasta esta Tierra, 
y por eso permanece 
donde los vencejos vuelan 
donde hasta el aire es distinto 
y la Giralda se eleva. 
  
Que el Gran Poder nunca pasa 
nunca pasará, navega 
andando sobre las aguas 
y aquí en Sevilla se queda.