Joaquín Romero Murube

Sevilla en los Labios

Gran Poder

LiteraturaNo todas las cofradías logran mantener a lo largo de la peregrinación, igual severidad y cumplimiento en el ejercicio de la penitencia. Pero si las hay duras y cumplidoras del acerbo rito, la del Gran Poder llega a la exaltación de la virtud, a la más alta tónica penitenciaria en todos los cofrades acompañantes penitentes de Jesús en el trance de su supremo poder.

Un solo compás mueve el ritmo de los cofrades del Gran Poder al salir de su capilla, y un solo compás mueve a los cofrades del Gran Poder al entrar. ¡Ah! Pero hay una variante radical en ambos espectáculos. Si la Semana Santa de Sevilla es un espectáculo único en el mundo, no es sólo por la riqueza y el arte peregrino de su imaginería, sino también porque parece que la ciudad esté hecha, sucintamente, para este desfile de Dios por la calle. El balcón bajo, la calle estrecha, la pared de cal y la maceta en el pretil de la azotea, es el oratorio,ante el cielo, el muro de plata, el alto florero bajo la luz del sol, nacidos de una arquitectura propia en unaciudad que, como ninguna otra, sabe tener sus calles, sus casas y sus plazas con esa armonía yrecogimientos dignos del paso de un Dios, dignos del tránsito de una Virgen. Son muy distintas las luces delGran Poder al salir de su iglesia, al filo de media madrugada, y al tornar a ella, cuando el alba del día másdoloroso pone cárdenos brochazos en el oro indeciso de un sol que pronto sucumbirá entre nubes. El GranPoder es magnífico en la negrura de la noche. Su efigie es tal vez la más gitana de Sevilla, la de tez másquemada por el sudor y la sangre reseca. Este rostro de dura agonía tiene un brillo siniestro en la madrugada.En sus gotas de sudor – Jesús no llora -, se quiebran las aristas de las luces y el bisel fino de las más remotasestrellas. Es el dolor negro de todos los pecados del mundo, en el negro horizonte de la noche de penitencia.Pero luego viene el alba. Es primero una franja morada, una franja de luz nazarena en todos los finales de lascalles, en todos los trechos de cielo que se columbran al paso. Hace frío del amanecer. Se piensa que en lasoledad de los campos habrá de reinar una sensación de expectación y de dolor igual a la que invade a laciudad. El Gran Poder llega a su puerta. Ha desaparecido ese público de un valor mitológico que, como unmonstruo, macizó de espanto y silencio el momento terrible de la salida; ahora son caras mañaneras,humildes: mozas de velo y ancianas de peina baja y velito de ternura; niños, ancianos.

Ahora no hay silencio en la plaza; hay un rumor maravilloso, un canto suave que hermana con elruido de las hojas de los árboles. Es la madre que reza, es la mujer que reza, es el niño que reza.