Alfredo Flores Pérez 1981

Señor, Tú eres mi Padre, Dios Todopoderoso; cómo buscamos los hombres el poder, cómo nos embriaga el poder; cómo nos olvidamos de Ti por el poder, cómo Te traicionamos por él y ahora Señor, en el silencio de la Plaza de San Lorenzo, apareces Tú, Señor del Gran Poder, Señor de Sevilla, y con la Majestad del Rey de Cielos y Tierra, emprendes Tu camino, no Te precederán ejércitos ni lanzas, no Te acompañará el recio pisar de los soldados, Te dan guardia negros capirotes y regueros de luz, vidas que se ofrecen a Ti y no empuñan más armas que Tu Cruz y no hay gritos ni vítores a Tu paso, en voz queda de corazón a corazón, del mayor al pequeño, se avisan “ya viene el Gran Poder”, sobrecoge Tu presencia y ante ella baja la mirada y se dobla la rodilla ¡y así reza Sevilla al Gan Poder!, porque cree que Tú eres el Poder que salva y no aniquila, Tú eres el Poder que cobija y no domina, Tú eres el Poder que sana y se ofrece al sacrificio, Tú eres el Gran Poder que alarga el paso para encontrar al hombre y redimirlo. Y por eso los ojos te buscan y recorren Tu Rostro y describen Tus espinas y buscan con afán las arrugas que lo surcan y quisiera lavar con llanto el barro que Te cubre y fundir mi mirada en Tu mirada que ofrece ya perdón y cielo y el amor de tu pueblo se hace brisa que alivia tu fatiga y es ese amor y no otro viento el que mueve Tu túnica, es ese amor el que cubre de besos Tus pies desnudos.

Señor del Gran Poder, que acaricias la Cruz como algo muy querido, Tú que eres Dios y Te muestras indefenso y ofreces a los hombres el refugio amoroso de tus brazos:

Méteme Padre Eterno en Tu Pecho
misterioso hogar.
Dormiré allí
que vengo deshecho
del duro bregar.