Enrique Osborne Isasi 1983

Desde lo alto de la Cruz que las malas muertes de Sevilla prepararon para Ti, te vi llegar, Gran Poder.

Venías con paso largo y firme. Como queriendo coger sitio en el madero antes que pusieran a otro por Ti.

Sólo se oían Tus pasos y el silencio de tu silencio. El que escucha las apretadas hileras de tus peregrinos penitentes, silenciosos también. El que encoge el corazón cuando tus faroles alumbran levemente la esquina de la calle.

A Ti que vas a grandes pasos hacia la muerte que preparamos para Ti, a ti que callas, te llaman Gran Poder.

Sevilla no sabe lo que dice.

Cuando bajo los olivos de Getsemaní te capturan por ser el Justo, los cofrades del Prendimiento te visten la túnica blanca del sumiso Cordero de Dios y te llaman Nuestro Padre Jesús del Soberano Poder. Cuando los hermanos de San Gonzalo evocan tu presencia ante Caifás, donde por decir la Verdad fuiste condenado a muerte, te llaman también Nuestro Padre Jesús del Soberano Poder.

Y ahora que cargas solo con tu Cruz, ahora que vas decidido hacia la muerte, ahora que Sevilla te deja toda su noche para Ti, eres de nuevo su Gran Poder.

Sevilla no sabe lo que dice… o Sevilla sólo es lúcida esa madrugada.

Porque ¿desde cuándo el poder se manifiesta en el silencio?, ¿desde cuándo el poder se hace grande al tomar la cruz del hermano, del marginado, del oprimido, de aquel que la sociedad dejó solo y abandonado a su suerte?, ¿desde cuándo el poder no corrompe, no avasalla, no violenta, no humilla, no desprecia al hombre que tiene bajo sí?

¿Qué ven en Ti, Señor de Sevilla, los humillados los ofendidos, los desheredados de este mundo que cada viernes del año se postran ante tus pies sin que Tú se lo pidas? ¿Qué secreto tiene tu imponente rostro que en lugar de producir temor, inspira confianza? ¿Qué valor tiene para Sevilla esa noche el poder de este mundo que fue capaz entonces y sigue siendo capaz ahora de crucificarte?

¿Cuál es tu poder, Nazareno de Sevilla?

No hace mucho, cofrades sevillanos, oí su respuesta: “Cuando sabéis ser dignamente sencillos en un mundo que paga cualquier precio al poder; cuando sois limpios de corazón entre quien juzga sólo en términos de sexo, apariencia o hipocresía; cuando construís la paz en un mundo de violencia y guerra; cuando lucháis por la justicia ante la explotación del hombre por el hombre o de una nación por la otra; cuando con la misericordia generosa no buscáis la venganza, sino que llegáis a amar al enemigo; cuando en medio del dolor y las dificultades, no perdéis la esperanza y la constancia en el bien, apoyados en mi consuelo y en mi ejemplo y en el amor al hombre hermano…entonces, sólo entonces entenderéis cuál es mi poder”.

No tengas miedo, Sevilla.

Marcha como Él, con paso largo y firme.

Que a ti te ha llegado también tu madrugada.

Sólo así vencerás al mal que hoy se asienta en tus entrañas.

No tengáis miedo, cofrades sevillanos.

Que esta Ciudad os necesita.

Que las Hermandades nacieron para el poder del amor, no para el amor al poder.

Que las Hermandades nacieron para enseñarnos a tomar cada uno nuestra cruz, no para recrearnos en la Cruz de Él.

Que también nos ha llegado la hora de la conversión y la verdadera penitencia, la que sólo se entiende si nos acerca al hermano.

Que Él, nuestro Gran Poder,
ya vuelve a su casa,
cansado de amores que no llegan
aunque siga caminando
y caminando nos encuentre cada día.