Joaquín Caro Romero 2000

Y el pregonero no puede ni quiere quitarse del pensamiento a Quien a esa misma hora va por la esquina de la primitiva calle de los Pergamineros, donde nació el poeta Manuel Machado, el que dijo que Sevilla lo tiene todo, porque el Poderoso Gran Señor que está pasando tan cerca de su casa le ofrece a Sevilla la fe y la caridad.

Y Sevilla, ante lo más evidente y lo más arcano, lo lleva con paso racheao, con todo el peso de la humanidad doliente y enferma, desde la espina que le atraviesa hasta el talón gastado por los besos. Es Dios encarnado, hecho hombre como nosotros, con todas nuestras humanas miserias, excepto el pecado. Sólo Él podía inspirar textos antológicos, la mejor literatura de nuestra Semana Santa:

Le vemos desde lejos, de costado, estremecida la pujante figura, torcido el paso, pero decidida la andadura. Adelanta con ansia el cuello, que yergue la pesada cabeza atormentada, revuelta en la dura trabazón leñosa, cayéndole el cabello en pesados mechones pegajosos de sudor y sangre. Escoriada la tez, ennegrecida la faz, la lengua y el labio resecos. El pie izquierdo asienta la pisada aferrándose a la tierra, mientras el derecho parece casi alado. Las nervudas manos, como engarfiadas, se agarran al travesaño de la cruz, hasta llevar el mástil en vilo, sin arrastrarlo. Así camina.

Todo se esdrujuliza en la dramática
madrugada del signo más ascético.
Todo se magnetiza en el magnético
paso de un Hombre con la cruz mesiánica.

No hay música, pintura ni gramática
que expresen su equilibrio apologético.
Y por Él se hace todo más patético
en la túnica, el cirio y la dalmática.

El sudor con la espina se enrojece,
y se pone morado y bruno el lienzo,
y la tez se hace tierra y se oscurece.

No, no es el fin, que sólo es el comienzo.
Queda mucho que andar y ya amanece,
Padre Nuestro que estás en San Lorenzo.

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¿Por qué Sevilla enmudece
y es de la Pasión proscenio,
y en el cambio de milenio
con su Cristo permanece?
¿Por qué Sevilla florece
cuando quiere florecer?
¿Por qué quisiera coger
la Cruz con sus propias manos?
Ya lo sabéis, sevillanos:
porque pasa el Gran Poder.