José Ortíz Díaz 1973

Pensad, mirad, si esa contradicción, si esa paradoja divina no la encarna y representa el título y la imagen del Señor del Gran Poder.

Yo no sé, si Juan de Mesa sabía teología y había leído y meditado el poema bíblico del Siervo de Yahvé. Pero a mi entender, no existe otra interpretación mejor de la figura del “varón de dolores”, de la Pasión del Siervo de Yahvé, que la del Nazareno de San Lorenzo.

Es el Señor del supremo poder –en sus manos la potestad y el imperio-, ante cuyo nombre, según la expresión paulina, doblan la rodilla los seres celestes, terrenales e infernales, el Señor que ha dominado la tempestad en el mar, que ha curado a los paralíticos, a los leprosos, que ha resucitado a Lázaro y, sin embargo, por misterioso contraste, por divina contradicción, este poder
misteriosamente se oculta, se humilla bajo la cruz. El más hermoso de los hijos de los hombres, el Gran Poder de Dios, bajo la Cruz, despreciado, desecho de los hombres, molido por nuestros pecados, hecho gusano, varón de dolores, leproso.

Ignoro si se trata de algo producido por el simple transcurso del tiempo o si ya la imagen estuvo así, originariamente cuando se esculpió, pero el Señor tiene sus manos sarmentosas y su faz cubierta, como por una especie de costra, de “lepra” que encarna maravillosamente la visión del Siervo de Yahvé del profeta Isaías: Jesús leproso.

La imagen es terrible, impresionante en la tiniebla de la noche. No sé, si por un fenómeno puramente atmosférico –tal vez la caída del rocío de la madrugada-, parece como si a su paso por Sevilla los hematomas de la cara del Señor, se humedecieran, se le reavivaran y se le observa esta dramática visión.
Esta imagen produce el pasmo, la adoración, la fe del pueblo de Sevilla.

He tenido la ocasión de observar las reacciones de la gente cuando pasa el Señor del Gran Poder. Las gentes de todas las clases sociales, desde las altas hasta las más humildes y modestas, que callan, lloran, se postran de rodillas, se santiguan o musitan interiormente una oración.