Juan Moya Sanabria 1998

Así encarnado en nuestros corazones, exigimos continua Epifanía, adoración de los reyes de este mundo a tu Gran Poder. Sevilla será un perenne viernes, contemplando tu Cruz como la fuente de nuestra vida. Así te vive cuando la alegría llega a nuestro corazón y cuando el dolor cimbrea nuestros sentimientos, colocándote continuas velas de promesas de un mundo mejor, donde tu imagen con la Cruz cargado, sea el Gran Poder que nos libere.

No puede ser tu rostro maltratado,
ni tus ojos, ni tu boca sin lamento.
Ni tan siquiera tu pie adelantado
soportando inerte el sufrimiento.

Ni es tu túnica, movida al viento,
haciéndote caminar, lo que nos lleva,
al fondo del alma nuevo aliento
que nos colma de ilusiones nuevas.

Es verte siempre con la cruz cargado,
lo que da luz a las noches de pecado,
avivando la hoguera de la fe.

Y Sevilla, como náufrago salvado,
clamará, agolpándose a tu lado:
¡Señor, Señor, eres Tú mi Gran Poder!