Luis Rodríguez-Caso Dosal 1988

Y en el inicio de una madrugada, Torre milenaria, sacudirás hasta tus cimientos y te pondrás en tensa vigilia cuando el Señor del Gran Poder aparezca en tu plaza de San Lorenzo.
El espíritu se hará en profunda meditación para elevarse y llegar hasta Él… que es sentir pasional de nuestro pueblo.
Él, que es “desecho de los hombres y varón de dolores” pero que también es “el que en sus manos lleva el poder y el imperio”.
Así debió de aparecer en las montañas de Palestina cuando Léntulo, el Gobernador, así se lo describe a Tiberio: “Ha aparecido en Judea un hombre dotado de un poder excepcional. Se le llama el Gran Profeta, sus discípulos le llaman Hijo de Dios y su nombre es Jesu-Cristo.”
Y cargado con su Cruz, allí estará Jesucristo.
Su tez quemada está y parece bañada con el sudor tal y como si el poderoso Rabí hubiese desafiado al mismo Sol.
Dicen que el dolor en el hombre es el eslabón para lo sublime, y lo sublime es el último tramo hacia la suma belleza, pero en Ti, Señor, también se hace la suprema grandeza porque Tú eres el mismo Dios.
Y Tú vas derramando a raudales la grandeza y también la humildad y la fortaleza y también el perdón.
Bendito Jesús del Gran Poder que gastadas tienes tus manos y gastados tus pies por el amor de los que te quieren, de los que te escuchan, de los que te hablan y de los que te piden.
Bendita sea tu Imagen, y benditas sean todas las que descarnadas están por los besos y las caricias de la piedad y de la devoción porque para eso lo fueron, no para ser expuestas como normas supremas del arte, sino para ser veneradas por las almas sencillas que, en espera constante, abierto tienen su corazón y su sentir al único Dios.
¡Poder que todo lo puedes!
Señor de Sevilla.
Y el aire se quebró en la noche al son del más hondo de los cantes.

De la Torre campanadas
silencian las oraciones
un Viernes de Madrugada