Paso de Jesús del Gran Poder

Paso Señor del Gran PoderEl paso procesional de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder es una obra mítica dentro de la tipología de pasos procesionales, pues es la de mayor antigüedad que se conserva en la Semana Santa de Andalucía y se ha convertido por el pasar de los siglos en referencia de la producción de este tipo de piezas, especialmente en los s. XX y XXI.

Como la imagen del Señor, la pieza se consideró a lo largo de los siglos obra de Juan Martínez Montañés. En 1929 se documentó el contrato entre la “Hermandad del Traspaso” y el escultor Francisco A. Ruíz Gijón, rubricado en 1688 y finiquitado en 1692. A pesar de ello, fruto de erróneas interpretaciones de las fuentes, a lo largo del s. XX se ha venido interpretando que las trazas de la obra se debían a Bernardo Simón de Pineda, hecho sin argumento documental. La genialidad de la pieza debe ser asumida completamente por Ruíz Gijón, quien además y debido a la gran cantidad de andas procesionales que realizó al final del s. XVII, debe ser considerado padre de este modo de hacer retablos itinerantes que son los pasos procesionales barrocos.

El paso del Señor sigue fielmente las disposiciones que se relatan en el contrato entre el autor y la Hermandad: “la talla de un monte en madera, la realización de ocho tarjetas con sus historias y la ejecución de treinta ángeles”. La talla de las canastilla alterna las formas cóncavas con las convexas, sirviendo de basamento o gran peana para la imagen procesional y se compone de elementos clásicos del Barroco como los roleos, rosetas y tallos vegetales más cuentas de collar que se intercalan. Una trama vegetal se mezcla con otra de lazos geométricos en las tres fajas de la canastilla, haciendo el juego de los dorados en mate y en brillo. Además, en la talla se intercalan una serie de elementos de índole vegetal, floral o animal que completan el extenso programa iconográfico figurativo.

Como toda obra barroca, destaca el elevado compendio iconográfico pues el canasto, al modo de un retablo, alberga esas ocho tarjeas con historias: en las esquinas del paso se representan inscritas en águilas bicéfalas —símbolos de la caridad, del gobierno, del ascenso de los pensamientos y del poder—, la destrucción del Templo por Sansón, Moisés haciendo brotar el agua de la peña, el Arca de Noé y la parábola del hijo pródigo. Frente a ellas, en otros cuatro tondos en el centro de los lados del paso aparecen cuatro escenas de la Pasión de Cristo: Jesús ayudado por Simón de Cirene a portar la Cruz camino del Calvario, Prendimiento de Jesús, la Flagelación y la coronación de Espinas, escarnio de Cristo. Sobre estas cuatro, en otros tondos menores, aparecen San Mateo y San Juan representando a los Evangelistas y San Agustín más San Jerónimo como Padres de la Iglesia, cuestión que ratifica el peso del misterio de la encarnación de Dios en Jesucristo que las andas portan.

A lo largo de toda la canastilla, enmarcando estas escenas y haciéndoselas partícipes a quienes en las calles veían las andas y el misterio procesional de Jesús del Gran Poder cargando el madero del sacrifico, aparecen veinticuatro ángeles infantiles que rodean espejados a dos o a cuatro las cartelas y águilas. Llorosos, en escorzo grácil y volátiles, aportan un gran dinamismo a la obra. Sobre la mesa aparecen seis ángeles pasionistas que acompañan con filactelias y los símbolos del martirio el misterio sagrado del Nazareno. Mientras los de la esquina muestran escudos en tierra con los símbolos de la pasión que repiten en sus manos, los centrales aparecen con filacterias en las que se puede leer “obediens usqu(e) ad mortem” en uno y “mortem ante crucis” que significan obediencia hasta la muerte y muerte ante la cruz.

El paso es también resultado de un largo proceso de obra de arte en uso, por lo que se le deben detallar varios añadidos a lo largo de los siglos. Sí bien debió ser concebido para ser iluminado por faroles (los primeros datan del inicio del XVIII y la Hermandad conserva los realizados en 1854), en 1858 se le colocan a la moda de la época cuatro candelabros de brazos, elaborados en forja y en 1882 otros realizados en madera tallada. Finalmente, y de nuevo estableciendo un modelo a seguir, en la Semana Santa de 1908 y en la de 1909 se estrenan los actuales faroles de plata dorada, debidos al platero cordobés Ramón León, quien se inspira en los de Damián de Castro de 1765 para la Hermandad de la Soledad de Écija. En esa fecha se sustituyen los antiguos respiraderos de talla (1854) por otros bordados, realizados por Rodríguez Ojeda siguiendo el modelo de los del paso de la Santísima Virgen. Por último, en 1969 se realizan los baquetones dorados que rematan los faldones y las maniguetas de madera de guinea, obra de Manuel Guzmán Bejarano. El llamador heráldico es obra de Emilio García Armenta de 1963.

El paso ha sido objeto de varias intervenciones de conservación y restauración a lo largo de los siglos. La más remota atañe al juego de ángeles pasionistas, realizada en 1775 por Blas Mölner. De 1853 se puede considerar el dorado actual, en el que se sustituyen por oro en dos tonos de acabado lo que debió ser en origen un canasto completamente estofado en colores. Esta intervención ha sido recientemente atribuída como obra del imaginero Gabriel de Astorga. En 1969 se sustituyó el alma interno de la canastilla y la parihuela del paso. Entre 2011 y 2012 fue restaurado de manera integral en los talleres del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH). Los faroles han sido objeto de varias reparaciones en el taller de Hermanos Marmolejo, mientras que los bordados de los respiraderos fueron pasados por última vez en los talleres de Esperanza Elena Caro en 1987.

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