Mañana de Jueves Santo y Viernes Santo Madrugada.

Con la ilusión intacta ante la inminente llegada de la Madrugada, amanecía un nuevo Jueves Santo en San Lorenzo. A las nueve en punto de la mañana se abrían las puertas de la Basílica de Jesús del Gran Poder, con todo dispuesto para que la Hermandad realizara, un año más, junto a nuestras Veneradas Imágenes, su estación de penitencia a la Santa, Metropolitana y Patriarcal Iglesia Catedral de Sevilla en la noche del Viernes Santo. Desde ese instante, un incesante fluir de hermanos, fieles y devotos llenaba el templo en una mañana radiante, postrándose ante el Señor del Gran Poder y María Santísima del Mayor Dolor y Traspaso en íntimos momentos de oración, hasta el cierre de la Basílica, momento en el que se daba paso a la preparación del montaje de la cofradía.

Desde primeras horas, el Hermano Mayor y la Junta de Gobierno recibieron también a las distintas autoridades religiosas, civiles y militares que, como cada año, acudieron a la Basílica, así como a las representaciones de Hermandades de penitencia, de gloria y sacramentales, especialmente las Hermandades de la feligresía y las de la Madrugada, quienes elevaron sus oraciones y realizaron una ofrenda floral a nuestros Amantísimos Titulares.

A lo largo de la mañana, recibimos la visita del Excmo. y Rvdmo. Sr. Arzobispo, D. José Ángel Saiz Meneses, acompañado por el presidente del Consejo General de Hermandades y Cofradías de la ciudad, D. Francisco Vélez, y miembros de la Junta Superior. El Sr. Arzobispo nos dirigió unas afectuosas palabras previas a la estación de penitencia, en las que nos exhortó a hablarle al Señor de corazón a corazón y a pedir su gracia para afrontar y superar los momentos de dificultad.

El Señor aguardaba en su paso, como lo hiciera en la Madrugada de 1817, año en el que estrenó la túnica de las Flores, obra de Francisca de Paula Zuloaga. Desaparecida esta túnica, un grupo de hermanos y devotos de los Viernes del Señor quiso ofrecerle una túnica bordada. Se inició así un proceso de reconstrucción, primero del dibujo y después del bordado de la pieza, labores que corrieron a cargo de Francisco Javier Sánchez de los Reyes y del Taller de Bordados Santa Bárbara. Y así nació la túnica de los Devotos, que testimoniaba la devoción durante cuatro siglos al Señor; con ella procesionaría por primera vez en la noche de este Viernes Santo. La Santísima Virgen lo hacía en esta ocasión con el manto azul que realizaron los talleres de Fernández y Enríquez en 1991.

Cuando en la plaza sonaba la una de la madrugada, la Cofradía ya se encontraba inmersa en su Estación de Penitencia. Y es que otra de las singularidades de este año residía en su salida a un horario no habitual: la Cruz de Guía se ponía en la calle a las 0:35 h. Del mismo modo, el itinerario de regreso desde la S. M. P. I. Catedral de Sevilla presentaba una particularidad significativa, al discurrir por la acera más próxima a los Reales Alcázares. Una novedad en los primeros momentos de la Estación de Penitencia fue ser recibidos por la Hermandad de Los Javieres a las puertas del antiguo templo de la Compañía en la calle Jesús del Gran Poder, iglesia del Sagrado Corazón. También debemos destacar, el estreno de una nueva insignia, el lábaro del Traspaso y el correspondiente juego de varas de acompañamiento. La aprobación de las primeras Reglas se produce en 1477 por D. Pedro Fernández de Solís, Obispo de Cádiz, bajo el título de Cofradía del Poder y Traspaso de Nuestra Señora y Honra de San Juan Bautista, por tal motivo, se ha realizado esta insignia dedicada a la Hermandad del Traspaso.

“Y allí también, todos los años, se enlazan en el espacio, como sutil ofrenda, como un salmo inaudible tejido por la angustia, las súplicas, las oraciones, las promesas, las gratitudes, que los que no pueden nada entregan al que todo lo puede, al amo y Señor de Sevilla, a Jesús del Gran Poder…”

 

 

 

 

 

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